La falta de datos dificulta la lucha mundial para erradicar la pobreza extrema antes de 2030


Un nuevo informe analiza exhaustivamente las ayudas y otros flujos financieros mundiales hacia los países en desarrollo

Un nuevo informe defiende que es posible erradicar la pobreza extrema antes de 2030 si se mejoran de forma significativa tanto la obtención de datos sobre la pobreza como el seguimiento de los recursos disponibles para ponerle fin.

El informe Inversiones para erradicar la pobreza hace hincapié en la importancia fundamental de la ayuda extranjera para abordar la pobreza extrema, si bien advierte que para ser eficaz esta ha de dirigirse y coordinarse mejor con otros flujos de recursos.

El informe ha sido elaborado por Development Initiatives, una destacada organización independiente en el ámbito de la investigación y el análisis de la pobreza. En él se traza un mapa de los complejos flujos de recursos —por ejemplo, inversión extranjera directa, donaciones privadas y cooperación Sur-Sur— entre más de cincuenta países.

Judith Randel, Directora Ejecutiva de Development Initiatives, declaró: «Este informe sale a la luz en un momento decisivo, cuando los líderes mundiales se disponen a debatir los objetivos de desarrollo después de 2015. Inversiones para erradicar la pobreza proporciona datos independientes y fidedignos que les permitirán decidir con conocimiento de causa a dónde han de dirigirse los recursos para erradicar la pobreza».

Algunos datos del informe:

  • La ayuda extranjera resulta fundamental para llegar a los más pobres del planeta, allí donde no se dispone de otros recursos como la inversión extranjera directa y las remesas de fondos.
  • En 1990, el 43% de la población mundial vivía en condiciones de pobreza extrema, es decir, con menos de 1,25 dólares de los Estados Unidos al día. Hoy, tan solo el 21% vive por debajo de este umbral. Por tanto, es posible erradicar la pobreza antes de 2030, pero el crecimiento económico por sí solo probablemente no baste para lograrlo. El crecimiento ha propiciado avances enormes en la mitigación de la pobreza, pero incluso las hipótesis más optimistas respecto al crecimiento pueden suponer dejar atrás a más de 100 millones de personas.
  • La escala y la diversidad de los recursos internacionales que llegan a los países en desarrollo ha aumentado con celeridad hasta los 2,1 billones de dólares de los Estados Unidos en 2011, es decir, el doble que en 2001. La deuda a largo plazo, la inversión extranjera directa y las remesas de fondos constituyen alrededor de dos terceras partes de los flujos internacionales. Los recursos que llegan a los países más pobres, sin embargo, son todavía escasos, y es probable que dichos países sigan sometidos a rigurosas limitaciones de gastos.
  • Los gobiernos de las naciones en desarrollo son los que cuentan con una mayor capacidad para erradicar la pobreza en sus propios países, dado que gastan el triple de los recursos disponibles. No obstante, el 82% de las personas que viven en condiciones de pobreza extrema residen en países donde el gasto público no llega al equivalente a 1000 dólares de los Estados Unidos anuales. Dicho gasto asciende a 15 025 de dólares de los Estados Unidos en los países del Comité de Asistencia para el Desarrollo de la OCDE.
  • La ayuda al desarrollo resulta fundamental cuando los gobiernos no tienen la capacidad o la voluntad de colaborar. Puede dirigirse a las personas más pobres y servir para apalancar otros fondos. En el África Subsahariana viven 400 millones de personas en condiciones de pobreza extrema. Para superar los riesgos y las barreras estructurales y ayudar a estas personas a salir de la pobreza extrema en 2030, las intervenciones han de ir más allá de las ventajas del crecimiento.

Es necesario que la asistencia oficial para el desarrollo de los países donantes más importantes sea más transparente y se adapte a los retos en este ámbito después de 2015, pues solo así podrá cumplir su función primordial: erradicar la pobreza extrema antes de 2030.

Sin embargo, ciertas decisiones importantes sobre la asignación de los recursos para erradicar la pobreza se basan en datos e información poco fiables u obsoletos. Los cálculos sobre el número de personas que viven en condiciones de pobreza no son dignos de confianza y suelen estar anticuados, de modo que las decisiones sobre la asignación de los recursos parten de supuestos poco sólidos y de cifras erróneas.

Randel afirma: «Poner fin a la pobreza está a nuestro alcance, pero para llegar a cero necesitamos una revolución de los datos relativos al desarrollo. Sin mejores datos no es posible asignar recursos de forma óptima, vigilar los progresos, extraer conclusiones ni pedir cuentas a los donantes y los destinatarios».